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Pozolito de cacao para el alma del maestro

Pozolito de cacao para el alma del maestro

A partir del mes de junio de 2023 y en adelante, +Universidades se complace en presentarles los artículos contenidos de la Revista Inspiración Educativa México que dicta el Dr. Ezequiel Chávez Collí.

El Dr. Ezequiel Chávez es un experto en estos temas y ha preparado 8 contenidos en su primer número, que estaremos compartiendo con todos ustedes. 

Síntesis Curricular

Dr. Ezequiel Chávez Collí
Dr. Ezequiel Chávez Collí

Embajador en México de T4 Education del Reino Unido.

Embajador de HundrED, Finlandia

Es Doctor y Maestro en Educación, Diplomado en Pedagogía por el Institut Universitaire de Formation des Maitres (IUFM) de Le Mans, Francia. También cuenta con una formación en Filología en Lengua Francesa por la Universidad de Toulouse, Francia. Realizó la licenciatura en Educación en la Escuela Normal “Justo Sierra Méndez” del estado de Campeche, México.

Es investigador, analista, asesor e integrante de comités académicos internacionales en Francia, Reino Unido y Finlandia; y es autor de importantes artículos sobre Educación y Política Educativa. Es articulista en varias publicaciones de prestigio y evaluador certificado por el CENEVAL. También es evaluador de las innovaciones educativas para el Spotlight on 21st Century Skills en América Latina y el Caribe en alianza con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Es conferencista nacional e internacional de temas selectos de pedagogía.

Entre sus cargos, se desempeñó como asesor en la Secretaría de Educación en el Estado de México, asesor de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y asesor en el Centro de Actualización del Magisterio en el Estado de México. Impulsor de varias iniciativas para el intercambio bilateral entre México y Francia para la creación de intercambio de maestros y para el fortalecimiento de la enseñanza del francés y el español en ambos países.

Ha participado en Paris, en el Global Forum on Environment y en la Conferencia “Equidad de Género en los negocios” en la OCDE; asimismo, participó en la Conferencia Mundial de “Inteligencia Artificial” efectuado en la UNESCO.

Recientemente, participó en el Vigésimo aniversario del Programa de Asistentes: MéxicoFrancia en el Centro Internacional de Estudios Pedagógicos (CIEP) de Sevres, Francia.

También es innovador, evaluador y asesor para el diseño de la nueva familia de Libros de Texto Gratuito (LTG) de la Secretaría de Educación Pública.

Presentación de la Revista Inspiración Educativa México

Estimado lector reciba una cordial bienvenida a la primera publicación de la Revista “Inspiración Educativa”, cuyo objetivo es crear un espacio de intercambio de ideas, puntos de vista, iniciativas y experiencias sobre la práctica educativa entre docentes, directivos e interesados en el tema, para tejer una red académica de actualización y divulgación educativa.

Estoy convencido que esta revista incidirá en la mejora de una educación de excelencia basada en la divulgación de propuestas pedagógicas para fortalecer la labor de los actores educativos y de esta manera garantizar el derecho a una educación de calidad que tienen los niños y jóvenes de nuestro país. Los colaboradores son académicos, investigadores, directivos y docentes con amplia experiencia en el campo educativo.

Debido a los cambios recientes en materia educativa por lo que transita el país los docentes y directivos se encuentran a la expectativa de los acontecimientos próximos para encontrar nuevas oportunidades para fortalecer su profesionalización y actualización. El replanteamiento de los principios esenciales en materia educativa que establece atender una educación inclusiva y diversificada dan muestra que aún falta mucho para alcanzar una educación integral, en ese contexto, la revista adquiere sentido porque presenta elementos sustanciales para garantizar oportunidades de aprendizaje para todos los alumnos. Asimismo, orienta hacia la toma de decisiones en torno a la necesidad de favorecer y promover la construcción de una educación incluyente donde los alumnos desarrollen al máximo sus potencialidades mediante una acción pedagógica diferenciada y el establecimiento de condiciones adecuadas para atender esas diversidades.

En esta primera publicación se abordan temas para atender la educación inclusiva, la implicación multidisciplinar para el diseño de situaciones de aprendizaje, la importancia de los intercambios escolares, los desafíos en el aula multigrado, una propuesta para integrar las tecnologías, la influencia de la motivación intrínseca para la labor docente, los retos para ser accesible el diseño curricular y la atención personalizada al que la población escolar tiene derecho.

Por lo anterior, Inspiración Educativa es un medio para llegar al mayor número de lectores interesados en la educación y la versión digital de la revista lo permite. Asimismo, este espacio se concibe como un recurso de apoyo para el trabajo que permita fortalecer la práctica, la identidad y la actualización docente y directiva. Asimismo, ofrece oportunidades para compartir sus experiencias exitosas.

Confío en que usted, estimado lector, sabrá aprovechar al máximo el contenido de esta publicación.

Ezequiel Chávez Collí

Pozolito de cacao para el alma del maestro

Prof. Roque Vizael Hernández Cruz

Prof. Roque Vizael Hernández Cruz

La genial aventura de ser maestro rural en Chiapas

Nivel Telesecundaria.

Para el alma del maestro

En la mayoría de los hogares de la cultura Chiapaneca es indispensable una bebida típica, casi mágica, capaz de nutrir, alimentar, saciar la sed, reanimar y hasta de curar la cruda de quien la consume, “el pozol”: frío, al tiempo, fresco, agrio, blanco, de cacao, clarito, oscurito, con azúcar o sin ella, con chile, miel de dedo, panela, acompañado de manguito verde, nuegadito, gaznate, turulete, chilacayote, con hojitas de mumo frito, chaya, camote, hierba mora, satz, nucú y cualquier otro aperitivo que acompañe tan suculento elixir.

Esta ancestral bebida hace recordar mi infancia, cuando volvía de la escuela mi abuelita me esperaba con pozol y mis galletas de animalito o aquella típica melcocha con su relleno de cacahuate tostado que me llenaba de una felicidad tan inconmensurable que con cada chupada convertía mi pequeño mundo en un gran torrente de imaginación y deleite; años más tarde, gracias a la perturbadora presencia de la globalización de la que todos somos presa, convertí aquella típica jícara de pozol en un refresco gasificado de cola “en bolsita y con popote” y aquella melcocha elaborada artesanalmente con amor fue sustituida por frituras de harina elaboradas a granel sin el toque mágico de quien las prepara.

No fue sino hasta septiembre de 2007 cuando regresa a mí el gusto por esta bebida, justo en el momento en el que comenzaba mi grandiosa aventura de “ser maestro” … luego de caminar por espacio de más de 3 horas en la sierra madre de Chiapas para llegar a mi nueva escuela, bajo el cielo nublado y un suelo tan accidentado y lodoso con el cual ya había perdido varios rounds; yo, aferrándome a mantenerme de pie, y él tratando de derribarme para saludarme cara a cara y aplicarme un nocaut. Sedientos y con hambre, nos sentamos a descansar a la entrada de una comunidad, ¡Ya no sentía nada¡, ni mis manos, ni mis hombros, ni mis piernas, mucho menos aquella motivación que me siguiera inspirando a continuar con esa aventura de ser factor de cambio en el mundo “ser maestro”. Pero sucedió que, a punto de tirar la toalla, un grupo de niños se acercaron a nosotros para ofrecernos algo de beber con una botella de plástico: ahí estaba aquella bebida mágica “el pozol”, en aquel primer sorbo sentí aquel calor de hogar que me hacía recobrar energía, me nutría y me daba fuerzas para seguir de nuevo por aquel interminable camino. Con solo recordar la cara de aquellos chicos que con emoción y alegría desinteresada nos preguntaban si éramos los nuevos maestros y nos ofrecían lo que humildemente tenían, me llenaba de ilusión y me inspiraba para poder llegar a mi destino.

Comenzaba a llover, eran ya más de las dos de la tarde cuando finalmente llegué a mi primera comunidad “La soledad”, irónicamente un nombre muy ahdoc, porque en aquel primer momento así nos sentíamos, tan lejos de casa, pero literalmente tan cerca del cielo por la altura de aquel poblado. Éramos en aquel lugar la sensación, caminábamos y todos a nuestro alrededor murmuraban quizá burlándose porque teníamos lodo hasta en nuestras mejillas o de alegría porque éramos los nuevos maestros, quería pensar que era por ambas cosas. El comité de la escuela se presentó con nosotros y nos invitó a su casa; al llegar, de nuevo aquella bebida mágica “el pozol” otorgada de propia mano de la anfitriona de la casa, esta vez acompañada de las enormes tortillas matamaridos recién salidas del comal con sus frijolitos de la olla, un manjar tan exquisito digno de la realeza. En cada sorbo de pozol (agrio, por cierto), cerraba los ojos e imaginaba que mi abuelita con aquel rostro tierno y angelical trazado por sus arrugas me persignaba y me decía su más conocido refrán: “hijito… al lugar que fueres haz lo que vieres”. Desde aquel momento jamás me volví a quejar de las adversidades que todo maestro debe superar para poder enseñar.

Los años en los que he enseñado, he podido aprender de los alumnos con los que lejos de solo enseñar, también he convivido; recuerdo a Berna, estaba en tercer grado, no sabía leer ni escribir (hay muchos Berna en las escuelas), era un caso perdido según palabras del maestro anterior, y aunque no aprendió a leer y a escribir durante el tiempo que estuvo conmigo (porque tenía problemas cognitivos severos), lo cual bien podría ser considerado para las estadísticas como un fracaso escolar rotundo, pero al darle importancia e involucrarlo en las actividades, pedirle su opinión en las decisiones grupales y “tomarlo en cuenta” (cosa que nadie más lo había hecho), al final del año aprendió algo que sería más significativo para toda su vida: se había convertido en un alumno que ya podía involucrarse socialmente con sus compañeros y tenía una gran capacidad para mantener en orden el salón; recuerdo el último día de clases, me llevó en una botella de refresco, escondido para que nadie de sus compañeros lo viera, un poco de pozol de cacao (el cacao es raro de conseguir en esas regiones), y me dijo —Gracias profe, es para usted—. (Una vez más ahí estaba el pozol, pero ahora, como una forma de agradecimiento para alimentar mi alma en esta ocasión de docente y saciar esa sed de ser reconocido por las almas que hemos logrado tocar en nuestro quehacer diario).

Así, durante mis años de docente, me he topado con: Viri, aquella alumna a la que no le gustaba la lectura porque la consideraba aburrida y que al final de cuentas se convirtió en una brillante oradora; Bene, aquel chico tímido que finalmente decidió seguir la profesión que su profe tenía porque se sentía inspirado; Yari, que al apartarse de la escuela por problemas familiares decidió ser mamá prematuramente, pero por los consejos, y la motivación de decirle que tenía ahora una razón por la que luchar, terminó su educación y ganó un par de veces el certamen de alumnos lectores; Carlos, que desde la secundaria tenía el vicio del alcohol; gracias a que lo tomamos en cuenta y nos interesamos constantemente para preguntarle cómo se sentía, y darle acompañamiento oportuno, hoy en día acaba de concluir su preparatoria. Clari, una alumna brillante académicamente, pero capaz de involucrarse con sus compañeros, después de “tomarla en cuenta” y enfocarnos a sus emociones sigue siendo una alumna brillante; hoy en día ayuda a sus compañeros, todo mundo habla de lo humilde, solidaria y humana en lo que se ha convertido.

Y así puedo hablar de todos y cada uno de los alumnos a los que he dado clases por más de 10 años, detrás de cada uno de ellos hay una historia digna de ser contada; existen brujas, demonios, hechizos, pasadizos, monstruos que muchas veces impiden que el alumno aprenda, y obstáculos que dificultan que el maestro enseñe; pero también podemos hallar esperanza, hadas madrinas, amuletos de la suerte y demás seres fantásticos… los maestros podemos ser héroes o villanos en la vida de nuestros alumnos, la decisión depende de la entrega y vocación que pongamos en este grandilocuente arte de enseñar.

He dado clases desde la sierra, hasta la selva, pasando por comunidades tzeltales, tzotziles y choles; gracias a mi trabajo he probado “pozol” de todos los sabores y colores que puedan imaginar, y por los motivos más insospechados (por agradecimiento, por humanidad, por convivencia, por nutrición y hasta por tradición) y en cada sorbo de esta deliciosa bebida existen un sinfín de sentimientos y emociones encontradas: una parte de los lugares en los que he estado, un pedacito de mis seres queridos, de los alumnos que han tocado mi corazón y que hasta la fecha siguen alimentado mi alma, los momentos y aventuras que he pasado en esta travesía de ser maestro me hacen sentir siempre joven; se dice que una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas, puedo afirmar que son los alumnos los que hacen que el corazón de los maestros haya encontrado el elixir de la eterna juventud.

Si en el Popol Vuh todos somos hijos del maíz, me atrevería a afirmar que, en el magisterio, todos somos hijos del pozol, pero de un pozol que se bebe a sorbos a través de los aprendizajes que nos dejan esas pequeñas almas con la que convivimos diariamente, esas pequeñas grandes acciones que sacian nuestra sed de comprender que vale la pena aún esa vocación de ser “docente”. Frecuentemente creemos que para realizarnos de verdad en nuestras vidas tenemos que llevar a cabo alguna acción heroica o hazaña que nos lleve a las portadas de los periódicos y revistas, sin embargo, nada podría estar más lejos de la verdad. Una vida llena de sentido está formada por la suma de una serie de actos cotidianos de decencia y bondad, los cuales irónicamente solo se convierte en algo verdaderamente grande al final de nuestra propia existencia.

Si algo he aprendido en mi paso por la docencia es que el éxito no se mide tanto por la posición que uno ha alcanzado en la vida sino por los obstáculos que se han tenido que superar en el esfuerzo por triunfar sacando adelante a nuestros alumnos; conozco a muchos maestros cuya vida ha llegado a ser tan ajetreada que pasan demasiado tiempo preocupándose por cosas que no tienen la importancia necesaria (la política, la falsa democracia, la falta de vocación y convicción) y han perdido la capacidad de reír, de amar y de compartir la alegría con sus alumnos, con demasiada frecuencia pasamos los días esperando que el sendero ideal aparezca a nuestros pies y olvidamos que los senderos los abren los que caminan, no los que esperan sentados e inertes.

En el 2015 se me presenta la oportunidad de ascender a director, y me vería en la necesidad de romper paradigmas ¿me moriría de sed ahora que no daría clases?, ¿quién me daría la motivación necesaria ahora para despertarme día con día con la ilusión de hacerme sentir que mi trabajo ha valido la pena?, sin lugar a dudas, tendría que reinventar, y ahora sería “pozolito de cacao para el alma del Direc”, pero esa nueva aventura va a ser el motivo del próximo artículo.

Presentación de la Clase

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